¿Por qué escribo?

¿Por qué escribo?

No hay un solo escritor, diletante o profesional −no importa lo que esas categorías representen−, que no se haya hecho esta pregunta alguna vez. ¿Hay una respuesta que dignifique a todos los que transitan un oficio tan cruel, que roba la vida, que agota hasta el delirio o la perdición, que reblandece las raíces constantemente y nos enfrenta a la voracidad de un mundo con el que, me atrevo a asegurar, casi ningún escritor se identifica en lo esencial? No lo creo, y no vengo a dar respuestas, sino a poner semillas para que cada uno las haga germinar en el jardín de sus deseos, necesidades, seducciones, sueños…

En el acervo literario hay una cualidad de escritores con vidas miserables, atormentados y suicidas tan profusa, que es inevitable concebir el tratado del intelecto a través de las letras como una elección diáfana. Un estilo de vida, diría, que muchas veces conduce a la búsqueda desesperada de la soledad o, peor, a la soledad misma. A la búsqueda de almas comunes, otro camino árido hacia la soledad. A la pérdida de la razón, o la persecución, la intolerancia, el desafuero, el destierro, la muerte.

Quienes escribimos, diletantes o profesionales, quienes disponemos todas las horas a la magia de construir frases, ideas, metáforas o, siendo ambiciosamente lezamianos, eras imaginarias, sabemos del esfuerzo que es involucrarse con una historia, propia o ajena, pero de otro territorio, que puede también dejarnos sufrimientos, heridas, balazos de muerte a veces. Con un verso. Sabemos que comprometerse con la empresa de la escritura termina siendo una montaña cuya cima es el sueño imposible. El de los grandes, el de los que nacieron en el Olimpo, y aún así desangraron sus destinos persiguiendo lo mismo que todos los demás: la historia y la poética para contarla. ¡Qué nos lean!, es la máxima del escritor, que aquellos endecasílabos que logramos urdir con tanto esfuerzo, en un poema o una novela, tengan la oportunidad de llegar a otros ojos, y mejor, a otras almas. Parece una tarea de Hércules, la 13, la inalcanzable. Sin embargo, una vez que estás dentro, ya no te puedes salir, es como un club en el que se juega la vida, y se muere de sed si eso nos llevará a la palabra ideal.

¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué escribimos?

Cervantes dijo que “La pluma es la lengua del alma”. En el exergo de esta columna dice Maillard “Yo sólo escribo para colmar la distancia entre mi miedo y yo”. Mientras meditaba sobre el largo proceso que es concebir un texto para otros donde el resultado se acerque lo más posible a lo que hemos soñando, le pedí a algunos amigos escritores −diletantes y profesionales− que me dijeran por qué escribían. Asumir que todos lo hacemos por las mismas razones es pretencioso e ingenuo. Como son esos amigos los que le dan sentido a mis soledades de escritora, les comparto algunos, aunque prometí que no los iba a citar, pero aquí hablamos de la verdad de las mentiras, ¿no?

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“-¿Por qué escribes?

-Por los aplausos;

por lo que el canario y mirlo cantan

-Ellos lo hacen por aparearse

-Por eso, por los aplausos y por lo del canario y el mirlo y todos los pájaros”.

Diego Morones

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“Escribo porque el papel es más paciente que los hombres. Porque la escritura es pensamiento depurado. Porque siento que lo que yo puedo decir a través de la literatura y de la poesía no soy capaz de decirlo de otra manera. Porque creo que solo así puedo ser elocuente, aportar algo y comunicarme de una forma más profunda con otros”.

Luciano Walter

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“Porque es la única manera en que mis mundos con todas sus posibilidades existan”.

Mariana Otero

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“Por necesidad, por frustración, por catarsis, porque hay otro mundo más amplio, más libre, que no se puede contener en la cabeza”.

Annia Galano

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“Escribo porque me escurren historias por los poros. Escribo porque agoté el efecto del llanto. Escribo porque al papel nadie lo calla”.

 Adriana Curiel

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“Creo que lo hago de la misma forma en que un animal lame sus heridas. Para cicatrizar mis daños, para encauzar mis broncas. Escribo para restañarme. Para encontrar un sentido a mi historia. Para expresar lo que pienso y lo que siento. Para mostrarme, aún escondido en las palabras”.

Eduardo Goldman

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Yo, Gabriela Guerra Rey:

“Escribo porque estoy inconforme con el mundo, porque me siento responsable de nosotros, los seres humanos, porque creo tener algo que decir a otros, porque solo en las historias puedo vivir las mil vidas del caminante, la de todos los hombres y la mía propia, una nueva que construyo cada vez que golpeo la tecla. Porque aquí soy libre, sueño y toco fronteras.

Escribo porque las palabras son el único mar donde navego segura de no ahogarme, y porque, si naufrago, no habría querido morir en ningún territorio −de la realidad o la imaginación− que no tuviera, como este, el doble filo del hundimiento y la salvación”.

¡Por qué escribes tú?

(a mis talleristas y amigos que ven el mundo desde el ojo de las palabras)

 Por Gabriela Guerra Rey