El mercado editorial llegó al siglo XXI desgastado pero tratando de sostener viejos rezagos: una industria desigualmente distribuida, cuyas ganancias básicas se las quedan los distribuidores —los menos comprometidos con una obra—, y luego editores y libreros. Lo fundamental había dejado de ser la calidad literaria. El escritor pertenecía a una cadena de valor que...
